Como bailarinas exhaustas, las lágrimas que caen desorientadas, se arrastran. Se guían por el ritmo que el pensamiento pulsa.
Por dentro me deshago, lento, profundo; por dentro se desarma el rompecabezas del tiempo; por dentro me revuelco en el polvo, en el rió de palabras, en el pozo de tristezas; por dentro muero y por fuera existo.