¿Podrías por favor contar hasta cinco y venir con migo?
Ven, dame un abrazo, un beso y si quieres, cuéntame la historia más linda que puedas inventar...
¿Podrías por favor contar hasta cinco y venir con migo?
Ven, dame un abrazo, un beso y si quieres, cuéntame la historia más linda que puedas inventar...
No tengo más que una sonrisa salpicada de rojo devorado por saliva; unos ojos, que con ella, son rasgados por una arruga expresiva, y las mejillas, que sobresalen coloreadas por su innato tono.
No es mucho, de hecho es poco y superfluo, pero si quisieras, que es lo importante, podríamos agregarle algo distinto todos los días al contexto de esa tan simple expresión de la cara.
Nunca sabré el día en que este placer se presentó ante mí, ni tampoco comprenderé el porqué de sus motivos. Sentarme a escuchar lo que dice la gente me transporta en el mundo de las sensaciones, no es cualquier gente, es la que no conozco (y probablemente nunca conoceré), gente pasajera alejada de mi rutina, que solo deambula en algún día inesperado. Me gusta escuchar, más que palabras concretas, sus murmullos que no dicen nada.
¿Cómo es que algo tan simple me puede causar placer y sensaciones que adoro?
Sonreír cuando veo las cosas que el viento mantiene en suspensión delante mío por instantes, también me causa placer, es más, imaginar hasta dónde pueden llegar o qué telaraña las capturara, me intriga. ¿El cariño también volará con el viento y será detenido por algo que lo atrape?.
Cuando tengo que esperar, no puedo evitar sentarme en algún lado y con los pies hacer hoyos en el suelo hasta ver la tierra que está húmeda.
Las sabanas en la mañana siempre me han gustado, despertar con ellas envolviéndome es lo mejor de del primer momento del día, aunque el trinar de los pájaros de mi pieza del campo o los grillos de la noche le hacen competencia.
Creo que nunca podre contar todas las cosas que me gustan, porque no dejan de sumarse a mi cúmulo de placeres.