No tengo más que una sonrisa salpicada de rojo devorado por saliva; unos ojos, que con ella, son rasgados por una arruga expresiva, y las mejillas, que sobresalen coloreadas por su innato tono.
No es mucho, de hecho es poco y superfluo, pero si quisieras, que es lo importante, podríamos agregarle algo distinto todos los días al contexto de esa tan simple expresión de la cara.
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