Te necesitaba con el alma y no lo notaste, tal vez gritarte en los ojos hubiera resultado, tal vez mis acelerados y atontados latidos cerca de tu cuerpo habrían sido útiles, quizá debí mostrar mis dedos temblorosos a los tuyos, y de ese modo puede que lo hubieras asumido, pero no, no lo hice y me callé, actué, dejando que la debilidad que me había visitado me devorara el corazón, sin que un mísero abrazo tuyo lo evitara.