miércoles, 14 de septiembre de 2011

El café

Siempre que paso por afuera de ese café veo como el vapor del agua caliente empaña los vidrios que dan a la calle y el aroma de las galletas recién hechas me despierta invitándome a pasar y ahí te encuentro, esperándome eternamente, escondido en alguna sección del diario. La mesera que ya nos conoce me trae lo de cada mañana, un cortado sin azúcar endulzado con polvos artificiales y hoy por excepción esas galletas que me despertaron, y a ti, lo mismo. De mi cartera, como todos los días, saco un cigarro y tú por inercia, de la mesa de al lado, me ofreces fuego sin decir nada y nos quedamos mirando. ¿Será que ya nos conocemos?
Algo me dice que esta mañana será diferente y me quedaré contigo, me quedaré con el hombre que deambula en mis sueños.

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