Me pasa que aunque no quiera, me afecta que la indiferencia sea quien marca nuestras pausas, y las pausas en silencio se devoren los momentos.
Me pasa que me cuesta hacer como si nada y caminar sin dolor por sobre las heridas.
Intento no parecer una piedra, intento no ser el agua de un hielo derretido, pero no puedo, así me veo.
Camino rápido y respiro lento, me ahoga, me detengo, es mejor no pensar, pero ¿cómo evitarlo?. Me pregunto cientos de veces las mismas cosas y obtengo tantas respuestas como preguntas hago, todas distintas, todas iguales, no las entiendo. Solo sé que circulan desesperadas por mi cabeza.
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