A veces me pregunto si es que soy yo la culpable de que por mi cabeza se atraviesen mil ideas por segundo, ideas que desfiguran mi cara, sonrisas y calmados instantes, obviamente sí es la respuesta.
Me detengo a apreciar lo que sucede y aunque suene raro, comprendo que soy yo la que se niega a cambiar, la que se niega a que lo bueno llegue de la mano de alegrías. Perdóname, por volverme al pasado, y regresar con angustias, a regresar con los miedos que me paralizan la vista. Perdóname por involucrarte en mis estúpidos estados.
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