Lo saqué de lo accesible, me estanqué en un momento, en lo que sucedía con él y conmigo (cada uno por separado), en lo que estaba llegando, lo que había llegado antes, en lo que se iba y en lo que no vendría, y de ahí no salí. Permanecí intacta, atónita, perpleja y congelada entre el viento del invierno. No reaccioné a tiempo para evitar las agonías, ni para evitar caer en lo que sabía él intentaría pero huí, tarde y en destiempo pero huí, caminando rápido sin que alguien lo notara y respirando casi sin hacer ruido, fue el único momento en que algo, aparte del corazón y la mente ingeniosa, moví, y fue como acumular quietud ya que después, todo se vino en contra abruptamente y me dejó aquí, con la expresión derretida, inmóvil y estancada.